¿CIBERESPACIO SOBERANO? REDES SOCIALES OBLIGAN A DEBATIR SOBRE EL TEMA

@hugomorenomv3
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Poco a poco comienza a intensificarse un debate inevitable en las redes sociales que promete acción y rispideces por una serie de confusiones que flotan en el ciberespacio y dan vida a la pregunta: ¿cómo conciliar el empoderamiento ciudadano, la sensación de esta posibilidad para que la sociedad ejerza la libertad de expresión en medios digitales; la realidad de propiedad de privada de las redes sociales y papel de los gobiernos en todo el entramado de internet, particularmente, el social media?
Estamos ante la reedición de un debate no muy nuevo, la idea del ciberespacio soberano que se expuso de manera formal en el Foro de Davos Suiza, en 1996, con el documento llamado Declaración de independencia del ciberespacio, un texto presentado por John Perry Barlow, fundador de la Electronic Frontier Foundation (EFF), quien reivindica con sentido crítico las interferencias de los poderes políticos que afectan Internet y defiende la idea de no intervención ni participación de los gobiernos en el mundo virtual de la red, donde “todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento…  un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o al conformismo.”*
Sin embargo, hace casi dos décadas no existían las redes sociales ni el boom que estamos viviendo en el desarrollo de este tipo de herramientas virtuales y la complementación de los medios de comunicación en una integración de lo antiguo y la innovación (Media Virus 3.0) que está generando nuevas atmósferas de comunicación transformadoras y aceleradoras del cambio social, cultural, político y económico del mundo.
En 1996 se declaraba en abierta oposición a que los gobiernos participaran en el ciberespacio que éste “no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas… donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente. El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos”, afirmaba John Perry en Davos.
Y sentenciaba: “Debemos declarar nuestros "yos" virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos. Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.”
Pues bien, tres lustros han pasado y la realidad es que hoy el ciberespacio efectivamente facilitó una mayor libertad de expresión y pensamiento de los usuarios, sin embargo, también para participar en él integró a muchas empresas y organizaciones que controlan y proveen de las herramientas de participación al mundo virtual, como se dice coloquialmente alguien debe pagar la fiesta, además de que los gobiernos de una manera u otra, tratan de integrarse a la dinámica social, política, cultural y económica que inevitablemente los alcanza y obliga a participar en la plataforma llamada internet.
La idea del ciberespacio como dijeron en 1996, “el nuevo hogar de la mente”, flota en el ánimo de los usuarios como un anhelo y ejercicio de libertad que se sabe debe ser protegido. Sin embargo,  de acuerdo a una de las concepciones más aceptadas “soberano es quien tiene el poder de decisión, de dar leyes sin recibirlas de otro, es decir, aquel que no está sujeto a leyes escritas, pero sí a la ley divina o natural”,** y la posibilidad de la construcción del ciberespacio soberano, ha quedado todavía muy lejos de ser realidad, porque los usuarios no aparecen directamente en la construcción de las reglas que lo rigen, particularmente, en las redes sociales en las que se inscriben mediante contratos de aceptación de normas, muchas veces sin leer y, por tanto, conocer, y que tienen origen en alguna oficina jurídica de empresas como Facebook, Twitter, Google o alguna de las numerosas redes sociales que existen en la actualidad.
Observamos entonces cómo Twitter tiene que revelar la identidad de sus usuarios y procesos en contra Wikileaks porque no revela sus fuentes al filtrar documentos supuestamente secretos, o los numerosos software que nos permiten profundizar en el conocimiento de información sensible sobre los perfiles de los usuarios y de hecho, hay empresas que se dedican a vender la información respecto a los hábitos, costumbres y hasta sensaciones de los cibernautas inscritos en la redes sociales. ¿el miedo a ser coaccionado al silencio o al conformismo, sólo existe en tanto la intervención de los gobiernos en el ciberespacio se da?
Quizá por eso ahora vemos que el activismo político está renaciendo en un territorio que tradicionalmente no era el suyo (del cual hablaremos en otra entrega más detallada sobre el tema) con una fuerza importante aún confuso y radical, actuante y veces estridente, pero particularmente parcial e inocuo, toda vez que tanto gobiernos, instituciones y organizaciones de todos los sectores, se han percatado que no estar presentes en ese “nuevo hogar de la mente”, equivale a su extinción.
Las formas de comunicación del siglo XXI, su esencia como extensiones del complejo sistema nervioso de los seres humanos, más que como “hogar de la mente” como le llamaron en 1996, es lo que está catalizando rápidamente las transformaciones de la primera mitad del siglo XXI, porque en realidad cambia la percepción y construcción de la realidad en los individuos. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación a velocidad eléctrica, son el río rápido donde todos están luchando por sobrevivir y avanzar con todos sus sentidos al máximo y vibrantes, aún cuesta arriba, para llegar a buen puerto cuando en un futuro se llegue a aterrizar en un espacio de entendimiento social, político, económico y cultural de esta época.
Ciberespacio soberano quizá sea una idea para comenzar a construir un entramado de vanguardia, creativo y útil, que satisfaga las demandas sociales y la recomposición de los modelos y sistemas políticos, sociales , económicos y culturales del siglo XXI, una idea que es urgente debatir porque implica la definición del rumbo que tomarán todas las herramientas de internet no sólo para comunicar, sino para participar, organizar, producir, distribuir, consumir, gobernar, desarrollar la democracia, financiar, etcétera, etcétera, etcétera.
Aunque el “hogar de la mente”, como se denominó al ciberespacio, siga en desarrollo, las redes sociales son la realidad que posibilita arribar a un consenso sobre cómo conducirse en el mundo virtual y la definición de las nuevas reglas construidas con la participación masiva que conlleven la legitimación de los actores para una mejor convivencia de naciones y sujetos en el mundo.

**http://es.wikipedia.org/wiki/Soberan%C3%ADa

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